viernes, 12 de abril de 2013

TRASTORNO MANÍACO-DEPRESIVO



Los estados de ánimo y las emociones de ánimo y las emociones están en constante evolución y cambio. Para la mayoría de las personas estos cambios y oscilaciones emocionales se enmarcan dentro de unos límites predecibles y ante situaciones más o menos conocidas, lo que les permite ejercer cierto grado de control sobre las mismas. Sin embargo otras personas se muestran aparentemente ‘incapaces’ de ejercer cierto control y gobierno sobre sus propias emociones. Bien por su duración, por su intensidad, por su frecuencia o por su aparente ‘autonomía’, estos sentimientos ‘escapan’ a su control, interfiriendo de forma significativa en todos los ámbitos de su vida, alcanzando la categoría de patológicos, con consecuencias potencialmente letales para el sujeto.  

La descripción ofrecida en la propia Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-10) o en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) no deja de ser, en la mayor parte de los casos ,una especie de descripción/listado de síntomas-tipo, insuficiente por sí misma si lo que se pretende es captar la complejidad de este tipo de trastornos y que la literatura científica es incapaz de reflejar en su totalidad.  

Cada individuo presenta su particular manifestación de la enfermedad. Algunas personas se caracterizan por presentar períodos de manía de baja intensidad, denominados como hipomanías, mientras que otros las sufren con extrema violencia. Otros pueden experimentar estados de ánimo depresivos durante períodos cortos de tiempo, mientras que otros se sumen en largos períodos de abatimiento. Incluso en algunas ocasiones, determinadas personas, pueden experimentar experiencias de carácter psicótico, como delirios o alucinaciones.  

Existe una peligrosa tendencia a asociar un carácter ‘romántico’ a este tipo de enfermedad. Es conocido que muchos artistas, músicos y escritores han experimentado estos extremos cambios en sus estados de ánimo. Sin embargo la realidad de este trastorno es muy diferente. Muchas vidas son arruinadas y de hecho, si el enfermo maníaco-depresivo no recibe la atención adecuada, la enfermedad conduce al individuo a poner fin a su propia vida en casi un 20% de los casos. 
Hay mucha menos investigación sobre los trastornos maníaco-depresivos que sobre los trastornos depresivos. Además, al ser un cuadro de aparición relativamente infrecuente, los estudios efectuados en la población general ofrecen datos estadísticamente menos fiables y significativos que los realizados sobre otros trastornos. Sin embargo si es posible ofrecer algunos datos que permitan una primera aproximación a esta enfermedad.  

Hombres y mujeres (a diferencia de otros trastornos afectivos) presentan aproximadamente el mismo riesgo de padecer la enfermedad, la cual típicamente suele emerger en la adolescencia o en la edad adulta temprana y continua su progresión a lo largo de la vida del sujeto destruyendo (en el mejor de los casos) si no recibe el tratamiento adecuado la vida escolar, laboral, familiar y social del sujeto y conduciendo (en el peor de los casos) a la persona a poner fin a su propia existencia.  

En cuanto a su forma de aparición, normalmente el episodio aparece de forma aguda: los síntomas pueden manifestarse en cuestión de días o semanas. La duración de los episodios, es muy variable, desde unos pocos días hasta varios meses, incluso en el mismo paciente. Previamente a la aparición de medicamentos efectivos, la duración media oscilaba entre seis meses y un año, pero en la actualidad suelen ser notablemente más cortos -semanas o pocos meses-.Incluso con medicación, por lo general la duración de los episodios depresivos suele ser mayor que la de los episodios maníacos.  

A pesar de lo que comúnmente se cree, tanto los niños como los adolescentes son susceptibles de desarrollar este trastorno, teniendo una probabilidad significativamente mayor aquellos cuyos padres ya presentan esta enfermedad. A diferencia de lo que sucede en el caso de los adultos, donde la distinción entre episodios está mejor definida, los niños y los adolescentes tienden a presentar oscilaciones, especialmente rápidas e intensas, entre los estados de ánimo maníacos y depresivos dentro del mismo día con mayor frecuencia que en el caso de los pacientes de mayor edad. Los niños bipolares presentan una mayor tendencia a mostrar comportamientos agresivos y/o destructivos. Los episodios mixtos son especialmente frecuentes entre los adolescentes que presentan el trastorno maníaco-depresivo.   

Los episodios de manía y de depresión presentan un marcado carácter recurrente a lo largo de la vida del sujeto. Entre episodios, la mayoría de las personas con trastorno bipolar están libres de síntomas, pero al menos un tercio de ellos presentan algunos síntomas residuales. Un pequeño porcentaje de pacientes experimentan síntomas crónicos, independientemente del tratamiento recibido.   

Los síntomas psiquiátricos característicos del trastorno bipolar son habitualmente clasificados en una serie de categorías básicas que se enumeran a continuación.  

El episodio maníaco hace referencia a un anormalmente elevado, excitado o irritable estado de ánimo, no relacionado con el abuso de sustancias o atribuible a un trastorno médico, cuya duración mínima es de una semana, y que incluye una variedad de desajustes en el comportamiento y en los patrones de pensamiento que provocan un significativo desajuste en los diversos ámbitos de la vida del sujeto. 
En un episodio maníaco típico, algunos de los siguientes síntomas suelen estar presentes, hasta el punto de afectar de manera significativa al funcionamiento normal del sujeto. 
  • El episodio hipomaníaco no requiere hospitalización. 
  • El episodio hipomaníaco no incluye la posibilidad de episodios psicóticos. 
     
En los episodios depresivos típicos, por lo general, el enfermo que las padece sufre un estado de ánimo entristecido y desesperanzado, una sensación de inadecuación y aislamiento profundo junto a una pérdida de la capacidad de interesarse y disfrutar de las cosas, una disminución de su vitalidad y de la energía que provoca una reducción de su nivel de actividad y a un cansancio exagerado, que aparece incluso tras un esfuerzo mínimo.  
A continuación se presentan algunos de los síntomas más característicos de esta fase depresiva:  

·         Intensos sentimientos de tristeza y abatimiento. 
·         Autopercepción de inutilidad y poca valía. 
·         Pérdida de interés por las actividades preferidas por la persona. 
·         Incapacidad de experimentar sensaciones/emociones positivas. 
·         Disminución de la líbido/deseo sexual. 
·         Sentimientos de pesimismo y desesperanza. 
·         Pérdida de la reactividad emocional a los acontecimientos y circunstancias ambientales placenteras. 
·         Cambios significativos en los patrones de sueño,bien por un descenso o un aumento significativo,sin justificación aparente 
·         Irritabilidad mayor de la habitual. 
·         Dolor u otras sensaciones corporales negativas no atribuibles a algún trastorno físico. 
·         Empeoramiento matutino del estado de ánimo depresivo. 
·         Cambios en los hábitos de alimentación,bien por un aumento o un descenso significativo. 
·         Dificultades manifiestas de concentración,memoria y en los procesos de toma de decisiones. 
·         Resentimiento y frustración injustificada. 
·         Sensaciones de cansancio y agotamiento físico. 
·         Perspectiva sombría del futuro. 
·         Sentimientos de inferioridad e inadecuación. 
·         Descenso significativo de los niveles dicativo de los niveles de energía y vitalidad. 
·         Pérdida de autoconfianza y autoestima.  
·         Sentimiento de vacio interior y culpabilidad. 
·         Ideación suicida recurrente y/o intentos de suicido.  
·         Es importante destacar que en algunas ocasiones los episodios depresivos o maníacos pueden ir acompañados por síntomas de carácter psicótico como por ejemplo: 
·         Alucinaciones.Escuchar,ver o de alguna manera ‘percibir’ la presencia de determinados estímulos que no se hallan presentes. 
·         Ideas delirantes.Falsas creencias personales no susceptibles a la razón o a evidencia contradictoria y que no se derivan de condicionantes culturales. 

La Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-10), sobre este respecto afirma lo siguiente:  

 
 
“El grado de aumento de la estimación de sí mismo y las ideas de grandeza pueden desembocar en ideas delirantes así como la irritabilidad y el recelo pueden dar paso a las ideas delirantes de persecución.  En los casos graves pueden presentarse marcadas ideas delirantes de grandeza o religiosas referidas a la propia identidad o a una misión especial. La fuga de ideas y la logorrea pueden dar lugar a una falta de comprensibilidad del lenguaje.
La excitación y la actividad física intensas y mantenidas pueden dar lugar a agresiones o violencias. 
El descuido de la alimentación, de la ingesta de líquidos y de la higiene personal pueden dar lugar a situaciones peligrosas de deshidratación y abandono.” 


Quizás los episodios más incapacitantes, desconcertantes e incómodos para el individuo son aquellos que involucran síntomas característicos de la depresión y del episodio maníaco y que se pueden presentar durante el mismo día. Son los denominados episodios mixtos. El paciente se encuentra excitado y ansioso pero al mismo tiempo también se siente irritable y deprimido en lugar de sentirse ‘en la cima del mundo’. Síntomas de manía y depresión están presentes de forma simultánea. 
De cara al diagnóstico de un episodio mixto, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) ofrece los siguientes criterios básicos:  

 
  “A. Se cumplen los criterios tanto para un episodio maníaco como para un episodio depresivo mayor -excepto en la duración- casi cada día durante al menos un período de una semana.
B. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave para provocar un importante deterioro laboral, social o de las relaciones con los demás, o para necesitar hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mismo o a los demás, o hay síntomas psicóticos.
C. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia -p. ej., una droga, un medicamento u otro tratamiento- ni a enfermedad médica -p. ej., hipertiroidismo-.”

 Los episodios mixtos, en la realidad son más comunes de lo que se creía inicialmente, particularmente entre la gente más joven, siendo observados tasas de ocurrencia que oscilan entre un 5-70% según diversos estudios. Los episodios mixtos, donde la depresión es dominante sobre la manía y la hipomanía está siendo especialmente reconocida e investigada en la actualidad, a diferencia de lo que ocurría en el pasado.  
Nunca se insistirá lo suficiente en la necesidad urgente de un diagnóstico temprano y eficaz de una enfermedad, por definición compleja y de difícil tratamiento, y con potenciales consecuencias letales para el individuo.  

Según un estudio reciente, el trastorno bipolar es, en la mayoría de ocasiones, no diagnosticado o diagnosticado erróneamente durante un período de tiempo que, como media, alcanza los 8 años. Los pacientes no suelen buscar ayuda profesional durante una media de más de 10 años desde la aparición de los primeros síntomas y cerca del 60% de los pacientes no son tratados correctamente o tratados de otras dolencias distintas de las causantes de sus problemas. La inmensa mayoría de los pacientes con trastorno bipolar experimentan múltiples períodos de recaídas.  

El diagnóstico temprano y acertado, junto con la elección y aplicación del tratamiento psicoterapéutico y farmacológico más adecuado, son la única medida viable y con ciertas garantías de éxito, para evitar algunas de las posibles secuelas que arrastra esta enfermedad.   

Es importante destacar que mas del 50% de los pacientes con trastorno bipolar abusan del alcohol u otro tipo de sustancias durante su enfermedad. Existe una evidencia bien conocida de la relación entre el consumo, por ejemplo, de cocaína y la presencia de un trastorno bipolar subyacente. El alcohol y el abuso de sustancias son a menudo circunstancias enmascaradoras de esta realidad y que añaden, si cabe, mayor complejidad al problema.  

Por otra parte, entre las consecuencias negativas derivadas de la enfermedad se encuentran aquellas más directamente relacionadas con la vida familiar y social del individuo. El trastorno bipolar añade una cantidad impresionante, a menudo insoportable, de tensión y exigencia en la relaciones interpersonales

Destacar un último aspecto con respecto a las consecuencias que se derivan de un trastorno maníaco depresivo cuando no es convenientemente diagnosticado y tratado. El trastorno bipolar puede ser a menudo enmascarado por otros trastornos psiquiátricos como los trastornos de conducta, la hiperactividad ,el abuso de alcohol, drogas y otras sustancias, síntomas psicóticos, rasgos obsesivos, ataques de pánico, personalidad borderline o trastorno por estrés post-traumático. Condiciones que añaden dificultad en el diagnostico diferencial del mismo y en el posterior diseño de las estrategias de intervención más adecuadas en cada caso. 
 
Sin negar la evidente complejidad en el tratamiento de este tipo de trastornos, no me gustaría terminar este artículo sin ofrecer, al menos, un mensaje de esperanza para este tipo de pacientes. La mayor parte de las personas que sufren un trastorno bipolar, incluso en sus manifestaciones más extremas, son susceptibles de lograr sustanciales y significativas mejoras en la estabilización de sus estados de ánimo y en los síntomas derivados, siempre y cuando sean diagnosticados de manera adecuada y reciban el tratamiento profesional especializado.  

Las investigaciones más recientes sugieren la combinación de estrategias de carácter psicofarmacológico (administración de litio junto a algunas drogas antipsicóticas, anticonvulsivas y ansiolíticas) y psicosocial (psicoterapia cognitivo-conductual, psicoeducación y terapia familiar/pareja complementaria),mantenidas durante períodos prolongados de tiempo por el especial carácter recurrente de la enfermedad, como la estrategia terapéutica más eficaz y con mayores probabilidades de éxito para lograr la recuperación del paciente aquejado por el trastorno maníaco-depresivo o trastorno bipolar.

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