lunes, 2 de octubre de 2017

Misofonía, ¿molestia o virtud?



Algunas personas son más sensibles que otras, y les molestan enormemente algunos estímulos del medio que para los demás suelen pasar desapercibidos. Para las personas altamente sensibles las luces brillantes, el desorden, un olor más fuerte de lo habitual o ciertos sonidos pueden ser auténticas torturas.

Existe una sensibilidad especial denominada misofonía que implica una aversión ante los sonidos cotidianos producidos por otras personas, como masticar, toser o sorber. De hecho, estas personas no pueden soportar el sonido que hacen los demás al masticar, un problema que afecta aproximadamente al 20% de la población.

Misofonía: La molestia visceral que no se puede explicar


Los sonidos que molestan a la persona con misofonía suelen tener una intensidad muy baja, del orden de 40 a 50 decibelios, lo cual significa que se encuentran muy por debajo de una conversación normal, por lo que en muchos casos son apenas audibles para el resto de las personas.

Sin embargo, para quien padece misofonía estos sonidos pueden convertirse en una tortura. Escuchar a alguien masticar puede desencadenar estrés, irritación y en casos extremos hasta una rabia violenta. Por eso, en muchas ocasiones se generan discusiones en la mesa.

La persona con misofonía puede pedirle al otro comensal que mastique más despacio y sin hacer ruido, pero esa persona puede sentirse atacada y no comprende cómo ese sonido tan bajo puede causar molestias. Como resultado, concluye que esa persona tiene algo en su contra, que se enfada sin razón o que está amargado por otra causa y la paga con ella.

Para evitar este tipo de discusiones, la persona con misofonía a veces prefiere quedarse callada y simplemente se levanta y abandona la mesa. Sin embargo, ese gesto también genera irritación en el resto de los comensales ya que no entienden su actitud ni su irritabilidad. 

Curiosamente, esa sensación de molestia se amplifica aún más cuando los sonidos provienen de personas cercanas. Por eso, esa hipersensibilidad a menudo crea problemas en sus relaciones interpersonales ya que las otras personas se sienten rechazadas.

¿Cuáles son las causas de la misofonía?

En la base se encuentra un problema de tolerancia a los sonidos. Una hipótesis es que se trata de un trastorno neurológico, probablemente en las estructuras altas del sistema nervioso central. Podría tratarse de un daño en la corteza prefrontal medial, o un problema similar al tinnitus, un sonido fantasma que normalmente se debe al daño en las células ciliadas de la cóclea.

Otra hipótesis indica una correlación entre la misofonía y los trastornos obsesivo-compulsivos, haciendo hincapié en la existencia de experiencias negativas relacionadas con este tipo de sonidos. En práctica, esa repulsión podría provenir de un pequeño trauma que ha activado una respuesta excesiva de la amígdala, sin que medie el control de los lóbulos prefrontales. Por eso, la persona experimentaría una reacción visceral que le resulta muy difícil controlar. 

De hecho, por más que la persona lo intente, no puede dejar de escuchar ese sonido. En este sentido, resulta revelador un estudio llevado a cabo en la Universidad de California. Estos neurocientíficos se dieron a la tarea de comprobar si la aversión a esos sonidos era real. Para ello, les pidieron a las personas con misofonía que escucharan una serie de sonidos y calificaran el nivel de incomodidad que les producían. Otro grupo de personas que no padecía este problema escucharon los mismos sonidos e indicaron cuánto les molestaban.

Mientras se exponían a los sonidos, unos electrodos medían la conductividad eléctrica de la piel para detectar el nivel de activación fisiológica. Los resultados mostraron que las personas con misofonía sudaban más y presentaban un mayor nivel de activación fisiológica ante sonidos como masticar un chicle. Sin embargo, cuando escucharon sonidos más relajantes como el de la lluvia, no mostraron esa reacción.

Aprender a centrarse en lo positivo

Existen diferentes estrategias para lidiar con la misofonía. Antes de llegar al punto de no retorno en el que la ira te domina, puedes atenuar el ruido. Por ejemplo, el zumbido de un ventilador en marcha, el sonido de la música relajante o un dispositivo que emita ruido blanco pueden ser soluciones que contenten a todos los que están reunidos alrededor de la mesa. 

También sería conveniente que le expliques a las personas importantes para ti lo que te ocurre, así al menos comprenderán que no se trata de rechazo o simple mal humor, sino de un problema real contra el que tienes que luchar cada día.

Además, ten en cuenta que toda situación, por muy negativa que pueda parecer, siempre puede tener un lado positivo. Un estudio llevado a cabo por psicólogos de la Universidad de Northwestern desveló que mientras más te afecte este tipo de ruidos, más probabilidades tienes de ser un genio creativo.

De hecho, la creatividad se ha vinculado con una atención atípica. Todos tenemos un sistema de entrada sensorial que tiene una base neurológica y nos permite eliminar todos esos estímulos innecesarios, de manera que el cerebro no termine sobresaturándose. Sin embargo, estos psicólogos trabajaron con 84 personas y descubrieron que aquellas que no eran capaces de filtrar los estímulos irrelevantes, como los sonidos bajos del medio, también eran más creativas. 

Según esta investigación, tener un sistema de entrada sensorial con “fugas” nos permite integrar ideas fuera del foco de atención, dando lugar a soluciones más creativas en el mundo real. Por tanto, si bien es cierto que la misofonía puede causarte muchos dolores de cabeza, también puedes sacarle partido. Solo debes aprender a controlarla.

Fuentes: 
Zabelina, D. L. et. Al. (2015) Creativity and sensory gating indexed by the P50: Selective versus leaky sensory gating in divergent thinkers and creative achievers. Neuropsychologia; 69: 77-84.
Schröder, A. et. Al. (2013) Misophonia: Diagnostic Criteria for a New Psychiatric Disorder. PLoS One; 8(1).
Edelstein, M. et. Al. (2013) Misophonia: physiological investigations and case descriptions. Frontiers in Human Neuroscience; 7: 296.



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